Durante años, Perl fue el lenguaje que nos enseñó no solo a programar, sino también a lidiar con la frustración, la ambigüedad y la belleza del caos controlado. Su sintaxis flexible y su filosofía de ‘hay más de una forma de hacerlo’ no solo demandaban habilidades técnicas, sino también paciencia, empatía y una buena dosis de humildad. Programar en Perl era un ejercicio de introspección: obliga a entender tanto el propósito como el contexto, a colaborar con código ajeno y a reconocer que nunca se sabe lo suficiente.
Hoy, nos movemos en un ecosistema de herramientas altamente estructuradas, frameworks que abstraen la complejidad y lenguajes que favorecen la claridad por sobre la expresividad. Esto ha reducido barreras de entrada y acelerado el desarrollo, lo cual es indudablemente positivo. Pero también ha traído consigo una nueva actitud: más orientada a la eficiencia inmediata que a la comprensión profunda. La artesanía del código ha sido reemplazada en parte por arquitecturas ‘plug and play’, y en ese proceso, podríamos estar perdiendo algo más que viejas líneas de código. Podríamos estar perdiendo un ethos.
Quizás la verdadera pregunta no es si los programadores han perdido la humildad, sino si el entorno ha dejado de requerirla. ¿Estamos educando para el dominio técnico, pero no para la resiliencia emocional que implica enfrentarse al código que no se entiende a primera vista? ¿Cómo cultivamos la curiosidad y la empatía en tiempos de eficiencia extrema? La discusión está abierta.
Fuente: https://www.wired.com/story/programmers-arent-humble-anymore-nobody-codes-in-perl/

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